lunes, 6 de junio de 2016

Quito, la ciudad que no era curuchupa

Ilustración antigua del Arco de la Reina y la calle García Moreno bastante concurrida (siglo XVIII).

Quito no siempre fue considerada una ciudad "curuchupa", término utilizado por los propios para definir la actitud moralista en el día y de libertinaje escondido por la noche. Por el contrario, aquella fama se la ganó ya bien entrado el siglo XIX. De hecho, la franciscana ciudad era bastante conocida por su vida disipada en relación a las leyes morales de la Corona española y la Iglesia católica.

Los continuos escándalos quiteños llegaban a las cortes virreinales de Lima y Santafe (hoy Bogotá), y ruborizaban a la sociedad de lugares más conservadores de la propia Presidencia de Quito como Cuenca y Guayaquil. Incluso el Vaticano conocía de la mala fama de esta ciudad de placeres enclavada en los Andes americanos, pues hasta los sacerdotes convivían con mujeres y tenían hijos a los que reconocían públicamente.

Pruebas de ello existen en los numerosos procesos por adulterio, abandono de hogar, escándalos públicos y faltas a la moral que se interponían en los tribunales de la Audiencia casi a diario. Además de testimonios de viajeros como el científico prusiano Alexander Von Humboldt, que a su paso por Quito en 1802 la describió así en sus notas de viaje: "en ninguna ciudad he encontrado, como en esta, un ánimo tan decidido y general de divertirse".

Francisco José de Caldas, el científico neogranadino acompañante de Humboldt, escribía más explícitamente: "el aire de Quito está viciado, aquí no se respiran sino placeres. Los escollos de la virtud se multiplican, y parece que el templo de Venus se hubiera trasladado de Chipre a esta parte".

Referencias
  • Núñez Sánchez, Jorge (2007). "Historias del país de Quito", páginas 69-84. Quito: Editorial Eskeletra, segunda edición. ISBN 9978-16-015-2.

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